Comprendiendo la tos de las perreras: una visión general
La tos de las perreras, conocida formalmente como enfermedad respiratoria infecciosa canina (CIRD), es una infección respiratoria alta muy común en perros. Esta afección se caracteriza por su gran capacidad de contagio, propagándose con rapidez entre canes, especialmente en lugares donde se agrupan en espacios reducidos. Entre estos entornos se incluyen residencias caninas, guarderías para perros y centros de peluquería. La facilidad con la que se transmite la tos de las perreras subraya la importancia de conocer y gestionar esta enfermedad para evitar brotes generalizados en poblaciones caninas.
Identificando los síntomas
Reconocer los síntomas de la tos de las perreras es fundamental para intervenir y tratar a tiempo. El signo distintivo es una tos persistente, a menudo con un sonido similar a un graznido u 'honking', que puede durar desde varios días hasta semanas. Además de la tos característica, los perros pueden presentar secreción nasal y ocular, indicios comunes de la infección. Algunos perros pueden llegar a vomitar, aunque es menos frecuente. También puede observarse una disminución del apetito y letargo, lo que puede indicar una infección más grave. La identificación temprana de estos signos facilita la atención veterinaria oportuna y reduce el riesgo de complicaciones.
Causas subyacentes
La tos de las perreras suele ser el resultado de la infección simultánea de varios patógenos. Los agentes más comunes incluyen la bacteria Bordetella bronchiseptica, especialmente prevalente en perros jóvenes menores de seis meses. Virus como el parainfluenza canina (CPIV), el adenovirus canino tipo 2 (CAV-2) y la gripe canina también desempeñan un papel importante en el desarrollo de la enfermedad. Estos patógenos se transmiten por partículas en el aire liberadas cuando un perro infectado tose, así como mediante comederos y bebederos contaminados, espacios compartidos y el contacto directo con otros perros infectados.
Protocolos de diagnóstico
El diagnóstico de la tos de las perreras combina el historial clínico y la observación de los síntomas. Los veterinarios suelen basarse en escuchar la tos del perro directamente, y pueden pedir a los propietarios que faciliten un vídeo si los signos no están presentes durante la consulta. Entre las pruebas adicionales se incluyen radiografías de tórax para evaluar la salud pulmonar y descartar neumonía, y hisopados nasales para PCR o cultivo con el fin de identificar los patógenos específicos responsables. Estos pasos diagnósticos son esenciales para confirmar la presencia de la tos de las perreras y determinar el tratamiento adecuado.
Enfoques de tratamiento
El tratamiento de la tos de las perreras se centra principalmente en el cuidado de soporte y el uso de supresores de la tos. En muchos casos la afección se resuelve sin intervenciones adicionales. No obstante, si el perro presenta signos de infección respiratoria superior bacteriana —como secreción nasal de color verde-amarillento, letargo o pérdida de apetito— puede ser necesario administrar antibióticos. Los medicamentos para la tos pueden ayudar a que el animal descanse, lo cual es fundamental para la recuperación. También es importante vigilar la ingesta de alimento y agua, ya que mantener un buen apetito contribuye a que el organismo combata la infección.
Estrategias de prevención
Prevenir la tos de las perreras implica combinar vacunación y buenas prácticas de manejo. Se recomienda la vacunación frente a Bordetella bronchiseptica, aunque es importante tener en cuenta que no garantiza inmunidad total y los perros aún pueden contraer otros patógenos asociados. Evitar entornos concurridos, como guarderías y residencias caninas, es una de las medidas más efectivas para reducir el riesgo de contagio. Mantener a los perros infectados aislados de otros durante al menos dos semanas tras la desaparición de los síntomas también ayuda a frenar la propagación de la enfermedad.
Consideraciones especiales para razas de alto riesgo
Algunas razas de perros, en particular las braquicéfalas como el bulldog inglés, bulldog francés y pug, son más susceptibles a desarrollar síntomas graves de la tos de las perreras debido a sus vías respiratorias comprometidas. Estas razas requieren una monitorización más estrecha y pueden necesitar un tratamiento más agresivo si contraen la enfermedad. Los propietarios de razas de alto riesgo deben estar especialmente atentos a los síntomas y buscar atención veterinaria rápida para proteger la salud de sus mascotas.
Conclusión: vigilancia y cuidado
La tos de las perreras, aunque común y muy contagiosa, por lo general no constituye una emergencia médica y suele resolverse por sí sola. Sin embargo, la vigilancia constante de los síntomas y la aplicación de medidas de prevención son clave para proteger la salud de los perros, especialmente en situaciones de riesgo. Al comprender la naturaleza de la tos de las perreras y adoptar medidas proactivas, los dueños pueden ayudar a evitar la propagación de la enfermedad y garantizar el bienestar de sus compañeros caninos.






